Autores:
Camilo Contreras, Fondo Latinoamericano de Reservas, Bogotá, Colombia. Correo electrónico: – ccontreras@flar.net
Carlos Giraldo, Fondo Latinoamericano de Reservas, Bogotá, Colombia. Correo electrónico: – cgiraldo@flar.net
Iader Giraldo-Salazar, Fondo Latinoamericano de Reservas, Bogotá, Colombia. Correo electrónico: – igiraldo@flar.net
Durante buena parte de las últimas décadas, la competencia internacional por atraer inversión estuvo dominada por un principio relativamente sencillo: ofrecer menores costos de producción, apertura comercial e integración a las cadenas globales de valor. La estabilidad macroeconómica era una condición necesaria, pero rara vez constituía, por sí misma, una ventaja competitiva. Hoy ese paradigma está cambiando.
La economía mundial atraviesa una transformación estructural impulsada por la fragmentación geoeconómica, la transición tecnológica y energética, y un entorno financiero muy distinto del que predominó después de la crisis financiera global.
Además, existe un cambio adicional que probablemente marcará los próximos años y que ha recibido relativamente menos atención: el regreso de la política fiscal como factor clave de las condiciones financieras globales.
En un mundo con mayores necesidades de gasto en defensa, transición energética, inteligencia artificial y envejecimiento poblacional, las decisiones fiscales de las principales economías comienzan a influir nuevamente en las tasas de interés a largo plazo y, por esa vía, en el costo global del capital.
¿Estamos entrando en un nuevo régimen financiero?
Durante más de una década convivimos con una combinación excepcional de abundante liquidez, compras masivas de activos por parte de los bancos centrales, tasas reales cercanas a cero y primas por plazo históricamente reducidas. Ese entorno parece haber quedado atrás.
Aunque la inflación mundial ha descendido significativamente desde los máximos de 2022, las tasas de interés reales a largo plazo permanecen elevadas en comparación con la última década. Parte de este fenómeno responde naturalmente a la política monetaria. Pero una proporción creciente parece obedecer a factores estructurales: mayores déficits fiscales, un volumen creciente de emisiones soberanas y una mayor compensación exigida por los inversionistas para absorber esa oferta de deuda. El resultado es un costo de financiamiento más elevado para gobiernos, empresas y hogares (Gráfico 1).
Los acontecimientos recientes en los mercados de deuda parecen reforzar esta interpretación. En Estados Unidos, Alemania, el Reino Unido y Japón, los rendimientos de los bonos soberanos de largo plazo alcanzaron máximos de varios años o incluso de décadas. Aunque los factores específicos difieren entre países, existe un denominador común: el mercado exige tasas de interés más altas para financiar déficits persistentes y absorber una oferta creciente de deuda pública.
Naturalmente, sería prematuro concluir que estamos ante un cambio permanente del régimen financiero internacional. Los movimientos recientes también responden a factores monetarios, geopolíticos y cíclicos. Sin embargo, sí parecen cuestionar un supuesto que durante años se dio por sentado: que las economías avanzadas podrían financiar déficits crecientes a costos excepcionalmente bajos de manera indefinida.
Durante muchos años el debate macroeconómico estuvo dominado por la política monetaria. Hoy, la interacción entre la política fiscal, la política monetaria y la estabilidad financiera vuelve a ocupar un lugar central. El BIS (2026) ha advertido de que la combinación de altos niveles de deuda pública y mayores primas por plazo puede amplificar la transmisión de la política monetaria, endurecer las condiciones financieras y afectar la estabilidad financiera. De forma similar, el FMI (2026) advierte que el aumento de los pagos de intereses, junto con cambios estructurales en los mercados de deuda soberana, está reduciendo el espacio fiscal y aumentando la vulnerabilidad de las finanzas públicas frente a episodios de revalorización del riesgo, lo que refuerza la necesidad de trayectorias fiscales creíbles y sostenibles.
Nuestra investigación en el FLAR va en la misma dirección al encontrar que, en economías no desarrolladas, un aumento persistente de la deuda pública puede deteriorar gradualmente la capitalización bancaria, lo que incrementa el vínculo entre la sostenibilidad fiscal y la estabilidad financiera (Giraldo et al., 2026; Gráfico 2). En ese mismo sentido, encontramos evidencia en la región de que los excesos de gasto primario se asocian con niveles más altos de inflación (Barro et al., 2025).
A este entorno financiero más exigente se suma un segundo cambio estructural: la fragmentación geoeconómica. Uno de nuestros documentos de trabajo recientes muestra que este fenómeno ya no afecta únicamente al comercio internacional. También modifica los patrones de inversión extranjera directa y de financiamiento internacional. (Costa, et al, 2026). La evidencia apunta a una menor integración entre bloques geopolíticos opuestos y a un mayor protagonismo de las economías no alineadas. Estamos observando una globalización diferente.
América Latina: una posición relativamente más favorable, pero heterogénea
¿Qué significa este nuevo entorno para América Latina? La respuesta requiere evitar tanto el pesimismo excesivo como el optimismo complaciente. La región no puede considerarse fiscalmente homogénea. Gran parte de las economías enfrentan desafíos importantes de sostenibilidad y consolidación fiscal, mientras que otras mantienen márgenes de maniobra relativamente más amplios. Sin embargo, en términos relativos, América Latina llega a este nuevo escenario con algunas características que la diferencian favorablemente tanto de crisis anteriores como de otras economías.
En promedio, la región mantiene niveles de deuda pública inferiores a los observados en las economías avanzadas, en Asia emergente y en economías emergentes y de ingreso medio (FMI, Monitor fiscal, 2026; Gráfico 3), con bancos centrales considerablemente creíbles e inflación convergiendo a sus metas, posiciones externas sólidas (Gráfico 4) y sistemas financieros resilientes en gran parte de las economías. Además, demostró recientemente una capacidad importante para absorber una sucesión extraordinaria de choques: la crisis financiera global, la pandemia, la guerra en Ucrania, el episodio de mayor inflación mundial en cuatro décadas, la fuerte subida de las tasas de interés internacionales y el choque comercial del año pasado.
La resiliencia observada constituye un activo construido a lo largo de muchos años mediante instituciones más sólidas y políticas macroeconómicas consistentes. Precisamente por ello debe preservarse, avanzar y consolidarse en el conjunto de economías de la región. Dado este entorno internacional más exigente, el principal desafío para la mayoría de los países de la región es la sostenibilidad de las finanzas públicas. En un mundo en el que las tasas de interés reales podrían permanecer estructuralmente más elevadas por un período más prolongado, los déficits persistentes implican mayores costos de financiamiento, un menor margen para responder a futuras crisis y un riesgo creciente de transmisión al sistema financiero.
Competir por confianza
Durante muchos años, los países compitieron por atraer inversión ofreciendo costos más bajos. Ahora lo harán cada vez más para transmitir confianza. En un mundo caracterizado por tasas de interés más altas, capital más selectivo y una mayor fragmentación geoeconómica, los inversionistas podrían discriminar cada vez más entre países según la calidad de sus instituciones, la credibilidad de sus bancos centrales y la sostenibilidad de sus políticas fiscales.
La estabilidad macroeconómica no es solo un mecanismo para prevenir crisis, sino que también vuelve a ser un activo estratégico para atraer inversión, reducir el costo del financiamiento y sostener el crecimiento.
Referencias
Bank for International Settlements. (2026). High public debt and shifting financial markets: Challenges for central banks. En BIS Annual Economic Report 2026 (Cap. II). Bank for International Settlements. https://www.bis.org/publ/arpdf/ar2026e2.htm
Barro, R. J., Bianchi, F., Giraldo, C., & Giraldo-Salazar, I. (2025). Inflation as a fiscal phenomenon: Evidence from Latin America. Documento de trabajo. Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR).
Costa, L., Giraldo, C., Giraldo-Salazar, I. (2026). Geofragmentation and capital flows. To be published
International Monetary Fund. (2026). Fiscal Monitor: Fiscal Policy under Pressure: High Debt, Rising Risks. Washington, DC: International Monetary Fund. https://doi.org/10.5089/9798229042512.089
Giraldo, C., Giraldo, I., Gomez-Gonzalez, J. E., & Uribe, J. M. (2026). Bank capital adjustment to public debt shocks: The role of institutions in emerging markets. Emerging Markets Review, 73, 101497. https://doi.org/10.1016/j.ememar.2026.101497
